Sesión de maridaje VI: Braavos

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Dicen que en el Oeste está el agite y para comprobarlo fuimos a Braavos en pleno Ramos Mejía. Ni bien entramos, Pachu revisaba todos los lindos detalles del bar. A mí la cartelera con 20 estilos diferentes me mantuvo largo rato ocupado. Cervecerías vecinas ocupaban el 70% de la pizarra y yo feliz por probar nuevas cervezas. Terracitas, Salven a la Reina, Hashtag entre otras decoraban con tiza los IBUs y los estilos de birra disponibles para esta velada. La decoración del bar, el ladrillo visto de las paredes y hasta un camión Scania que estaba en el patio de atrás oficiando de barra de tragos demostraba que en esa noche iba a haber buen agite.

Comenzamos con el primer plato pidiendo unas piezas de pollo. La entrada, que bien podía ser un plato principal traía una generosa cantidad de piezas fritas de pollo empanado en harina de maíz. Sí, pensé que era polenta, pero no, resulta que son dos cosas distintas. El empanado de harina de maíz le daba un dulzor bien presente al pollo y junto con la salsa barbacoa quedaban riquísimos. Nos pedimos para tomar una Scottish (IBU:18 – 5% de alcohol) de Salven a la reina y una Cream Citra (IBU:30 – 5,9%) de Hashtag. Con la Scottish se levanta el amargor porque el dulce del maíz baja el dulce de la malta. Gracias a ese juego, aparecían notas de frutos rojos de las maltas caramelo. Con respecto a la Citra, subía la maltosidad, por ende, el sabor a pan tostado, y el lúpulo en sabor, pero no en amargor haciendo explotar aún mejor las características de la cerveza. El pollo maridó bien con las dos birras quedando presente pudiendo saborearlo en todo momento.

Ya entrados en calor con el primer agite del pollo, listos para seguir hasta que sonase la campana, de plato principal pedimos la milanesa Americana de carne. Aclaro que era de carne porque se podía elegir que fuera de pollo también. La porción fue muy generosa, hubiéramos comido tres personas tranquilamente. Tenía una cantidad increíble de un muy rico cheddar (a diferencia de la pasta anaranjada sin gusto que hemos probado), salsa de tomate, muzarela, panceta y dos huevos fritos. Para este plato había que pedir una cerveza con cuerpo para que le dé pelea al del plato. Precisábamos que no sea una cerveza muy amarga para que no limpie la cremosidad del cheddar y la muzarela y a su vez que no sea tan dulce y tapase demasiado el plato. Buscando en la cartelera entre los 20 estilos, y con la mejor atención de Marcelo que nos convidaba de probar tantas birras le pedíamos, decidimos llenar la pinta con la Bourbon de Quiquia (IBU:22 – 7%). La cerveza presentaba destellos de whisky y madera, un dulzor proveniente de la malta que redondeaba un cuerpo medio alto con un final caliente en boca producto de sus 7 puntos de alcohol. Un cuerpo pesado para darle pelea a la milanesa que nos estaba cacheteando las papilas gustativas y los sentidos. En dicho encuentro, la cerveza ganó por muy poco, con tres tarjetas a favor quedó por sobre la milanesa, aunque quedando muy sutil.

Como para cuidarnos (cuack) acompañamos la milanesa con una ensalada Cesar, que alineado a la generosidad de los platos, sobresalía de la ensaladera con mucho queso parmesano, el pollo, dorado en su punto exacto y una buena cantidad del aderezo aparte. Para maridar la ensalada, muy condimentada, nos pedimos una IPA (IBU: 50 – 6,2%) de Salven a la Reina. Era una IPA inglesa, bien maltosa, con amargor medio de un lúpulo de perfil terroso y una carbonatación fina media. En combinación con la ensalada, la birra limpiaba la salsa Cesar del paladar y aumentaba el cítrico del lúpulo sumándole un perfil a limón. La maltosidad disminuye al pelear unos rounds contra la salsa Cesar resultando en un buen maridaje al resaltar el amargor de la IPA.

Así, fue como llegamos al último round de la noche. El postre. Esta vez optamos por el poste líquido: una cerveza llamada Durazno (IBU: 18 y 5,1%) de Denver y el trago Baileys Frozen, hecho sobre el Scania que comentaba al principio del posteo. La Durazno tenía una tomabillidad que me permitió terminar bien el ultimo round siendo ligera de cuerpo bajo y con un marcado gusto a durazno. El trago, dulce y cremoso con gusto a frutilla y Baileys llegó con la campana de fin del ultimo round.

Cerramos la noche cruzando unas palabras con Marcelo quien, a modo de árbitro del encuentro, estuvo siempre pendiente de que cada una de las mesas se llevase la mejor impresión del lugar. Que cada uno de los que íbamos a buscar agite, lo tuviésemos. Porque en las sesiones de maridaje también entran en juego los estados de ánimo, y sin la buena atención y la calidez del lugar no hubiera sido el mejor maridaje del Oeste. Sí, en el oeste está el agite, en el oeste hay cultura de cerveza artesanal, en el oeste también maridamos experiencias. Vos, ¿qué maridás hoy?

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