Escondida en una calle con poca actividad, está Hops, una cervecería de barrio que te invita a relajarte y disfrutar de unas buenas birras y algo rico para comer. El ambiente es bien relajado, con mesas altas y banquetas de madera, luces cálidas, y una decoración mínima que incluye una pizarra enorme que oficia de carta en una de las paredes y varios estantes con botellas de cervezas de todos lados.
En la pizarra tienen 8 canillas rotativas, que incluyen marcas como Ortuzar, Morante, Portlander, Kellan, Drawen, Meissen, Bohemian, entre otras, y estilos para todos los gustos. Para comer, además de las clásicas papas tuneadas y hamburguesas (con una opción veggie), tienen panchos (alemán y mexicano), y las vedettes del lugar: empanadas de goulash y knishes de papa.

La atención del lugar es excelente, los mozos son súper amables, se encargan de que no te falte nada en la mesa, te aconsejan sobre qué comer y tomar, y conocen los productos que tienen en pizarra a la perfección.
Nosotros arrancamos con una IPA de Portlander (color dorado intenso, de amargor alto, lupulada en aroma y sabor. Muy buena!!) y una Honey de Morante (cerveza rubia, con olor y sabor a miel, cosa difícil de lograr sin que la birra termine siendo muy dulce. Una sorpresa), que salieron acompañadas de maní.

Para cenar, le entramos a las empanadas de goulash (con la carne cortada a cuchillo como debe ser, y la cantidad de especias justa. Una fiesta imperdible), los knishes de papa (vienen 5, y están buenísimos!), y un pancho alemán (que viene con chucrut, panceta, mostaza de dijon y sale con papas. El pancho en sí no fue lo que más nos gustó de lo que comimos, pero está muy bien. Las papas son posta, salen crocantes y aguante todo).
Acompañamos la cena con otras dos birras: una Session IPA de Ortuzar (rubia, con aroma a lúpulo pero bajo amargor) y una Black IPA de Portlander (color negro intenso, aroma a lúpulo y sabor a café). Y como estábamos con sed ese día, cerramos la noche con una Scottish de Kellan (de color ámbar, turbia, maltosa, con sabor a caramelo, y bajo amargor). Un detalle que hace al nivel de atención: si estás sentado y tenés duda de qué cerveza pedir, los chicos te alcanzan la que quieras a la mesa para que pruebes y decidas tranquilo.
Nos quedamos con las ganas de probar el Brownie de Stout que tienen de postre, porque ese día no tenían helado y entonces no estaba saliendo. La próxima esperamos tener más suerte!
Nos encantó el bar y su onda barrial. Escondido, sin hacer mucho ruido, se ha consolidado en Villa Crespo como una opción de calidad a la hora de tomarte unas buenas cervezas artesanales y comer buen morfi sin caer en opciones aburridas. Para volver y recomendar!


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